Lo que dice la ciencia

Reserva cognitiva: qué es y por qué importa a partir de los 60

Qué entiende la neurociencia por reserva cognitiva, cómo se construye a lo largo de la vida y qué puede hacer cada persona para cuidarla en la madurez.

· 3 min de lectura

Dos personas de la misma edad pueden tener cambios parecidos en el cerebro y, sin embargo, desenvolverse en el día a día de forma muy distinta. Una sigue leyendo el periódico, llevando sus cuentas y recordando las citas; la otra empieza a necesitar ayuda. Para explicar esa diferencia, la neurociencia utiliza desde hace décadas un concepto: la reserva cognitiva.

Qué es la reserva cognitiva

El neuropsicólogo Yaakov Stern, de la Universidad de Columbia, la define como la capacidad del cerebro para resolver las tareas de maneras distintas y compensar así los cambios que trae la edad o una enfermedad. No es una cantidad fija de neuronas, sino una forma de funcionar: redes más eficientes, más caminos alternativos para llegar al mismo resultado.

Se suele explicar con una imagen sencilla. Si una carretera se corta, quien conoce varias rutas llega igualmente a su destino; quien solo conoce una, se queda parado. Una mayor reserva no impide que aparezcan los cambios, pero puede retrasar el momento en que se notan en la vida diaria.

Cómo se construye a lo largo de la vida

La investigación ha relacionado la reserva cognitiva con lo que hacemos durante toda la vida, no solo en la vejez. Los factores que más se repiten en los estudios son:

  • La educación recibida en la infancia y la juventud.
  • La complejidad del trabajo: tareas que exigen planificar, decidir o tratar con personas.
  • Las actividades de ocio que hacen pensar: leer, aprender idiomas o instrumentos, juegos de mesa, rompecabezas.
  • La vida social: conversar, participar en grupos, sentirse parte de algo.
  • La actividad física, que cuida también el sistema cardiovascular del que depende el cerebro.

Stern recoge estudios en los que las personas con más actividades de ocio a lo largo de la vida tenían menos riesgo de desarrollar demencia que las que hacían pocas. Son estudios de observación: muestran una asociación, no prueban que una actividad concreta proteja. Aun así, el patrón es constante en muchas poblaciones.

¿Se puede seguir construyendo después de los 60?

Es la pregunta que más interesa, y la respuesta prudente es sí, en parte. El cerebro conserva capacidad de adaptarse a cualquier edad. Un estudio de la Universidad de Texas, el llamado Synapse Project, pidió a personas mayores que aprendieran durante tres meses una habilidad nueva y exigente, como la fotografía digital o el patchwork. Quienes aprendieron algo nuevo mejoraron más en memoria que quienes hicieron actividades sociales o tareas sencillas sin aprender nada.

La clave parece estar en tres ingredientes:

  1. Novedad: hacer algo que todavía no se domina.
  2. Esfuerzo mantenido: un reto que obliga a pensar, sin llegar a frustrar.
  3. Constancia: un poco cada día vale más que mucho de vez en cuando.

Lo que dice la última gran revisión

En 2024, la comisión de la revista The Lancet sobre demencia actualizó su informe con un dato que ha dado la vuelta al mundo: alrededor del 45 % de los casos de demencia se asocia a 14 factores de riesgo modificables. Entre ellos están una menor educación, la pérdida de audición sin tratar, la hipertensión, la inactividad física, el aislamiento social, la depresión o la pérdida de visión.

Conviene leer bien la cifra. Es una estimación teórica que supone que esos factores son causales y que podrían eliminarse por completo. No significa que casi la mitad de los casos se vaya a evitar, sino que hay margen real de acción y que buena parte de ese margen está en hábitos y cuidados cotidianos.

Ideas prácticas para cuidar la reserva

No hace falta ningún programa especial. Lo que la evidencia respalda es variado y, sobre todo, sostenible:

  • Mantener una actividad que obligue a pensar a diario: leer, escribir, resolver rompecabezas, aprender algo.
  • Moverse: caminar a buen ritmo, bailar, nadar.
  • Cuidar la audición y la vista: revisarlas y usar audífonos o gafas si hacen falta.
  • Mantener el contacto con familia, amigos y vecinos.
  • Controlar la tensión, el azúcar y el colesterol con el médico de cabecera.
  • Dormir bien y tratar el ánimo bajo si aparece.

En resumen

La reserva cognitiva no es un depósito que se llena una vez: se alimenta con lo que hacemos cada día. Ningún juego ni actividad aislada garantiza nada, pero una vida activa, con retos mentales, movimiento y compañía, es la mejor apuesta que conoce hoy la ciencia.

Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si te preocupan cambios en la memoria, tuyos o de alguien cercano, consulta con tu médico.

Fuentes

  1. Stern Y. Cognitive reserve in ageing and Alzheimer's disease. The Lancet Neurology, 2012
  2. Livingston G. et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet, 2024
  3. Park D. C. et al. The impact of sustained engagement on cognitive function in older adults: the Synapse Project. Psychological Science, 2014
  4. National Institute on Aging. Cognitive health and older adults

Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si te preocupan cambios en la memoria, tuyos o de alguien cercano, consulta con tu médico.